jueves 31 de diciembre de 2009

El miedo como herramienta de motivación

Allá por el año 1992, cuando fui enrolado a las filas del ejército para cumplir con el servicio militar obligatorio, comencé a experimentar una de las herramientas de motivación más poderosa, peligrosa y destructiva de la psiquis humana: El miedo.
Recuerdo que una noche, en la que yo aún estaba lejos de hallar mi vocación por el estudio de las organizaciones, un oficial instructor nos dio una breve charla antes de iniciar una larga y extenuante ejecución de ejercicios vivos que intentarían quebrar nuestra moral (y nuestras rodillas), hasta que el más débil de nosotros confesara haber robado un walkman de uno de nuestros camaradas.
El joven oficial, caminando en medio del pasillo central que separaba las literas donde dormíamos nos dijo: “hay tres cosas que el hombre nunca va a poder superar, sea cual sea su raza, condición física o social y esas cosas son: la Sed, el Sueño y el Miedo.”
No filosofé demasiado aquella noche sobre lo que ese hombre nos dijo, y mucho menos mientras sufríamos el flagelo físico que llevaba ya cinco horas desde aquellas palabras, lo que sí recuerdo es que finalmente el walkman apareció…

Con los años pude ver en la vida civil, y particularmente en la de las organizaciones, que el miedo es un método utilizado por muchos managers para motivar a su gente, e inclusive entre actores del mismo nivel jerárquico, para lograr que otros actores hagan o dejen de hacer una determinada actividad, o que abandonen o adopten una determinada posición.
Stephen Robbins, en su obra Comportamiento Organizacional, clasifica las distintas fuentes de poder y entre ellas menciona el Poder Coercitivo. Ese es el poder que un actor percibe en otro que puede ejercer un castigo sobre él. Percibido de esa manera, quién lo posee puede ejercerlo teniendo en cuenta que el otro actor reaccionará de manera afín a sus intereses por “miedo a”…miedo a perder el trabajo, miedo a perder la confianza del jefe, miedo a perder credibilidad ante un público determinado o miedo a perder una posibilidad. Aquí el temor es a una acción potencial que difícilmente se traduzca a torturas físicas, pero indiscutiblemente sí sobre la psiquis del individuo, quién asume reacciones basadas en lo que su mente construye como posibles escenarios desfavorables futuros.

Siendo así, muchos hombres lideran su accionar en base a este mecanismo que, lejos de ser un método plausible, es inherente a la naturaleza de las relaciones humanas. No hay libros ni cursos de motivación que promuevan la utilización del temor como herramienta motivacional, no obstante, dependiendo del contexto, de la cultura organizacional y del sistema de antecedentes que relaciona a los actores, es factible verlo en su toda su dimensión. Desde mails con copia al jefe del otro, hasta reuniones donde se asienten en actas o minutas lo que se dice, o jefes que niegan un aumento de salarios, haciendo alusión a un mercado laboral lleno de personas que podrían reemplazar al que peticiona; vemos que esta herramienta, lejos está de desaparecer de la vida organizacional.
He visto y no dejo de ver situaciones o problemas que no se solucionan en una organización, sino hasta que se esgrimen amenazas directas o indirectas a los que deben resolver el tema.

Indudablemente lo ideal es que las personas se sientan motivadas positivamente a realizar una tarea determinada, pero los miles de intereses contrapuestos de los diferentes actores; intereses enfrentados por diferencias de percepción, por ambiciones personales, o simplemente por objetivos organizacionales divergentes, harán sobrevivir a esta forma de hacer que el otro haga algo, que de otra manera no haría.

Desde ya que hay otros métodos de ejercer poder e influencia sobre los demás, pero parece que el miedo, aunque impopular, goza del beneficio de la eficiencia, es decir, requiere el menor de los esfuerzos para quién lo aplica y eso es lo que lo vuelve altamente tentador. Sin embargo esta eficiencia y economía de aplicación en el corto plazo, puede traer perjuicios severos en el largo plazo ya que es un excelente generador de “enemigos”…©