A menudo, mucha gente que se encuentra con un licenciado en Administración, automáticamente aprovecha para comentarle sobre sus revolucionarias ideas de negocios o proyectos que tiene en mente; como quién consulta al oráculo de Delfos en búsqueda de una guía infalible. Muchas veces, lo que sobreviene en los rostros de quienes nos consultan sobre sus “brillantes” ideas, es
Antes de contestar a esa pregunta, debo rescatar que he visto muchos de mis compañeros en épocas de estudiante en la Facultad, quiénes también se decepcionaban de lo poco que enseñaba nuestra casa de estudios sobre negocios y emprendimientos.
Con estas dos situaciones en mente, he reflexionado durante un buen tiempo sobre el rol del estudiante y del profesional de administración, y su relación con los negocios.
Mi primer posición respecto del tema, es que quién estudia administración no se habrá de transformar en un hombre de negocios, de la misma manera que un estudiante de Letras no necesariamente se convertirá en escritor. En una comparación con los deportes, podríamos decir que un estudiante de administración es como un estudiante de educación física. Muchos son excelentes deportistas claro está, pero no he visto demasiados medallistas olímpicos o futbolistas consagrados, que lo hayan hecho como fruto de estudiar educación física.
De lo que sí no han podido escapar los buenos deportistas, es de un profesor o un experto en los aspectos gimnásticos, que le sirva de preparador físico para explotar al máximo su talento. De la misma manera, los escritores siempre necesitan expertos que corrijan sus tropiezos gramaticales, a fin de expresar su arte en papel de la mejor manera.
En los negocios, como en la literatura o en el deporte, un licenciado en administración analiza las estructuras de las organizaciones; tanto en los aspectos técnicos como en los psicológicos o sociales, derivados de la interacción de tecnologías y personas que conforman esos sistemas tan particulares que llamamos empresas o instituciones.
A través del estudio de estos entes, se pueden encontrar modelos que explican e intentan predecir cuestiones que atañen a los niveles medios de la organización, o desarrollar técnicas que sirvan para cuestiones de índole operativo. Y a niveles estratégicos, si bien es difícil establecer modelos predictivos que sirvan para la Dirección, bien se pueden hallar explicaciones de la dinámica política intra-organizacional, o de análisis competitivo en un sector determinado.
A veces coincide que un estudiante o un profesional de Administración termina siendo un excelente hombre de negocios, pero no es condición necesaria, ni suficiente, que se deba estudiar en la facultad de Ciencias Económicas para llegar a ser un hombre de éxito en los negocios. Tal vez una Escuela de Negocios garantice mejor orientación en términos de negocios, pero a costa de sacrificar profundidad en el estudio de las raíces de la administración, raíces que no se pueden ver a niveles superficiales claro está.
Muchas veces vemos los anaqueles de las librerías, plagados de literatura referente a estrategia con los más imaginativos títulos: La estrategia de la cucaracha, la estrategia del sapo, la estrategia de las libélulas y todo bichito que pueda servir de metáfora; o si no, algún libro que pregunta por quién nos habrá robado el celular o un trozo de comida. En fin, libros destinados a la reflexión, constituyendo excelentes pasatiempos en los aeropuertos, pero que pocos contenidos científicos sostienen en sus modelos y prácticas a las que hacen referencia, sea de manera directa o indirecta. A veces es preferible completar crucigramas.
En definitiva, un estudiante de administración, puede ver lo que el hombre de negocios hace en forma intuitiva. Así como un deportista ejecuta sus movimientos sin pensar en que página del libro de anatomía dice como se comporta su musculatura al batear, saltar o patear un balón; el hombre de negocios hace de manera natural e intuitiva, aquellas cuestiones que le huelen correctas. Es indudable que el alto nivel de exigencia competitiva que existe hoy en día en los deportes y en los negocios, exige que alguien estudie y asesore a los deportistas o a los empresarios para optimizar sus estrategias y movimientos; dejando la autonomía a unos pocos iluminados que no necesitan de la ciencia, ni de los expertos, para lograr una increíble performance en lo que hacen. Tal es el caso de los empresarios leyenda como Mark Zuckerberg (Facebook) o deportistas cómo Diego Maradona o Hussain Bolt.
¿Y respecto de hacer negocios? Bueno, como le digo a veces a mis alumnos, para tener éxito en los negocios deben abandonar la Facultad, y desarrollar una muy buena idea en un garage (o comprársela a alguien por unos pocos dólares…) una vez que lo logren, no duden en llamar a un experto para que les explique cuanto de suerte o visión ha tenido en su negocio… ©
